lunes, 10 de febrero de 2014

Amor a quemarropa.

¿Adónde se va mi puto dinero?, es robado por la rutina en la que me encierro. Corro para huir y con tal de no aceptar este desacato, para durante unas horas mantener mi mente en blanco y mis músculos al rojo vivo. No me pueden acusar de infantilismo ni mucho menos, he crecido demasiado rápido, ¿se me puede culpar por ello? No sé si echo de menos nuestros viejos días porque sin verte ejerces más atracción sobre mí que mirándome fijamente o porque mi día a día es una putada. Lo prometo, es tan grato percibir ese odio, ese rencor que tantas personas disparan hacia mí por seguir un camino que al parecer no comprenden, pero aún estoy tranquilo porque esa gente no sería capaz de oler un crimen ni en los ojos de un cadáver. La sociedad me hace delincuente diario.

Liyabouts - Desertika (Live At Zarautz, 2010)

sábado, 8 de febrero de 2014

Come on baby, light my fire. (6)

De nuevo postrado viéndolas venir, los viejos fantasmas no desaparecen nunca, vuelven en momentos de flaqueza. Tradición, desapego, miedo, indecisión; son conceptos con los que trato constantemente, quién pudiera vendarme los ojos para no ver. Malgasto mi futuro, mi salud y si hace falta mi vida entera por mantener esos principios que me llevarán a la ruina, debe ser que nací en el planeta equivocado o que mi carne es demasiado débil. Preguntando a qué y rezando a quién por no llegar a ser feliz cuando mis manos tiemblen y mi piel sea arrugada, por no aprender a devolver a mi madre todo lo que me ha dado cuando ella ya no esté. Volver a renunciar a todo un año más, un año más viejo; y recordar aquellos tiempos en los que éramos críos que se hacían daño entre sí de manera inocente, ah, ¿adónde se fue a parar nuestra inocencia? Algunas cosas perduran desde entonces, pero sobre todo malas porque lo doloroso ocupa más espacio en el corazón que lo grato. Escucho a los Chili Peppers, como si pudiera evocar otros días escogiendo lo bueno y lo malo, porque hacia todo lo pretérito siento nostalgia. 

A veces pienso mientras toco y canto alguna de mis enfermas canciones que tú eres mi público y te seduzco con una balada y un bailoteo ridículo como lo haría el mismo Turner, ven a mí al amanecer y márchate al atardecer. Leo y leo tratando de encontrar claves para la felicidad porque ya las busqué en muchos fondos de botellas, pero sólo encuentro conocimientos, ellos únicamente me hacen darme más cuenta de lo podrido que está el mundo. Mi rutina rota en pedazos diminutos, ¿qué más podía hacer? Todo el mundo cree comprenderme, pero sus consejos son presiones, y no porque dicten el camino que he rechazado; la mejor opción no es siempre la más sensata.

En la más oscura de las noches, de pronto como salido de un portal invisible surge la esperanza, un extraño sentimiento cálido y pleno soportado por pilares de placeres hedonistas, ¿es así cómo queréis que supere esta depresión? Rechacé hace mucho consuelos que llenan pero no sacian, omnisciente sólo de cosas que desearía ignorar.

martes, 4 de febrero de 2014

If you were there, beware.

Madrugar para llorar no es vida, no soporto derrumbarme y hacerme añicos cada vez que alguien me incita u obliga a hablar profundamente acerca de lo que siento. Esta perra depresión me empuja al más desconsolador de los secretos que he descubierto demasiado temprano, a mí y a los que me rodean, porque no debe ser fácil presenciar ver a un ser querido sumergirse y ahogarse cada día un poco más en el fango de su propia opulencia. ¿Quién o qué puede librarme de esta pasiva apatía en la que nada me importa pero todo me presiona?, quizás nací con los ojos demasiado abiertos, un don maldito. Las últimas noches he rezado con tanta fuerza que tal vez en tu cabeza escuchaste los ecos de mis quejidos, debe ser tan bello creer que para todos hay un plan justo y divino. Si me ven en esta situación yo creo se debe a haber emprendido con demasiada fuerza contra mis propios defectos, por saber ver con crudeza esta realidad empirista. No sé lo que quiero ni lo que necesito.

jueves, 30 de enero de 2014

Hombre fuerte levanta si cae y pisa si le pisan.

La sombra de mis fracasos es alargada, tanto que temo que cubra mi camino durante el resto de mi vida. Vivir es posponer lo inevitable con tal de pasar cinco minutos más acurrucado entre las sábanas, qué triste es saber que todo tiene un final. Dos años malgastados, gastados al fin y al cabo, ¿quién dice que no podría haberlos empleado de alguna manera mejor? Siempre pensé que el camino al cielo no sigue una línea recta.

Sólo el hombre débil utiliza las excusas, y yo no sé si miento a los demás o a mí mismo para autojustificarme. Antes pensaba que mi sufrimiento me hacía diferente y que en el futuro recibiría alguna clase de compensación, un premio por un dolor que no busco pero tampoco rechazo; supongo que esa manera de pensar es lamentable y que la única recompensa que tendré será la muerte, que no es poco. "Ya llevas mucho tiempo así", como si fuera algo nuevo, mi estado normal es la depresión, y cuando estoy feliz no me siento yo. Este mundo no es para personas como yo, me destroza y a la vez me hace levantar del sofá porque todo genio es forjado mediante el sufrimiento, me da esperanzas. Persecución entre mi odio y mi futuro, heridas que no recuerdo haberme infligido, el día seis escribí en mi diario que no estaba preparado para volver a la rutina, ha pasado menos de un mes y siento haber envejecido tres años.

Estoy harto de esta depresión, y "¿quién carajos eres tú para rechazar mi don?", me recrimina la providencia.

martes, 28 de enero de 2014

Siempre parece que lo bueno me pasa por enfrente.

Todas las noches mi mente se esfuerza por no romperse, por recoger todas las migajas de esperanza e ilusión que aún permanecen desperdigadas en mi interior, ¿no lo entiendes?, cada noche trato de mentirme a mí mismo para no ver las cosas que me hacen triste. A veces pienso en llamarte, en coger el teléfono, ¿y decirte qué?, ¿que te echo de menos?, eso no lo creería nadie. Vine a la vida llorando y me marcharé suave.

Con frecuencia, durante mis largos paseos matutinos por el centro de la ciudad con la mochila y los libros a cuestas con muchísimo tiempo que perder, llego a ese cenit maldito en el que alcanzo a vislumbrar el nacimiento de aquellos traumas y carencias que me condicionan desde mi infancia; pero no hay nada que no cure el suave aroma del primer cigarro de la mañana, sutilmente rodeado de almas en pena que andan con prisa y ajetreados siguiendo el camino marcado.

No tengo necesidad de comunicarme con mis nuevos compañeros, tampoco con la mayoría de los antiguos ciertamente... pero no me llenan sus chistes ni sus risas, ni que quieran saciar su vacío a costa de mi desgracia, no quiero ser carne de cañón. "Manu, ¿qué te pasa?", "Manu, ¿por qué no vienes a clase?", "Manu, ¿estás triste?", a Manu sólo le importaba Manu, y ha dejado de importarle, así que no pregunten más. Me levanto, me drogo, río, vivo y duermo con el miedo, por favor madre, no llores más, hago lo que puedo.

Mentes en conserva.

Aquello parecía otro mundo, costumbres distintas, bromas extrañas y apodos absurdos, allí todo era diferente y todo lo hacían diferente. Siempre me comporté respetuosamente desde que llegué, devolvía los cigarros que me pasaban y sonreía a sus chistes y chascarrillos sacados de otro universo; tenía la impresión de que se portaban conmigo simplemente porque no tenían motivos para hacer lo contrario. Eran una gran pandilla, a algunos los conocía de vista de años y años atrás, jamás me imaginé que este cambio en mi vida supondría conocer a esos muchachos que antes no eran más que desconocidos. Una tarde, Chabolo, que apodaban así por algún juego de palabras sin gracia tan propio de su grupo, dijo "Chicos, esta tarde juego una buena mano", todos los chicos reían y le felicitaban, "Vaya, Chabolo, ¿otra vez? Parece que la cosa va bien". Lo cierto es que a la mayoría de los comentarios no les prestaba atención, hablaba más bien poco con ellos, pero tampoco lo veía necesario, éramos muchas bocas y no se notaba la ausencia de mis palabras. Chabolo eran un muchacho delgado, casi escuálido, con pelo corto moreno y un pendiente, resultaba que se había puesto de moda por aquellos panoramas. No era excesivamente respetado ni tampoco ridiculizado, pero su influencia en el grupo era bárbara, todos le querían, todos le apreciaban.

Después de algunos meses ya había pasado tiempo suficiente para darme cuenta de que aquel no era mi sitio, ¿pero se habían percatado los demás? Tal vez, pero si así era nadie se molestaba en hacérmelo ver, tampoco me pareció que nadie me despreciara; probablemente estaba con ellos para mantener la mente ocupada, curiosamente con ellos apenas articulaba palabra o gesto, pero no podía estar pensando en todas aquellas cosas que me arrastraron a ese lugar, mi cabeza estaba entretenida.

Los días pasaban, y uno tras otro Chabolo no paraba de repetir "Hoy he vuelto a jugar", a lo que respondían los demás "¡Vaya!, ¿qué has jugado?", "Póker de ases por lo menos, diría yo", decía con total egocentrismo mientras chocaba las manos de sus compañeros. Con frecuencia aparecía en el atardecer, sí, justo después de jugar. No me interesaba el significado de "tener una buena mano", ¿qué me importaba a mí? Un fatídico día me comprendí qué carajos significaba esa expresión, significaba como decíamos en mi barrio "pillar cacho", "ligarte a una pava", "enrollarte con alguna"... Tiempo después me enteré que yo jugaba hacía tiempo esa misma mano, pero no la supe aprovechar, arruiné mi futuro y las ganas de labrarme otro sólo por un póker de corazones rotos. Entonces aprendí que las desgracias no tienen piernas, pero siguen a sus dueños para seguir atormentándoles aun años más tarde.

domingo, 26 de enero de 2014

Suicidio en forma de flor.

¿Cómo esconder la dura realidad frente a unos ojos que nunca parpadean?, es necesario conocer la oscuridad para brillar en la luz. No hablo de límites ni estadísticas, mi cerebro no entiende de dígitos, ni siquiera cuento las lágrimas que caen de mi ojos casi a diario. He perdido fe y he ganado aun más desconfianza, y desde que me levanto hasta que me acuesto no hay un solo motivo por el que seguir viviendo, ¿no significa entonces que algo va mal? No, lo siento, no puedo aceptar lo que esa zorra con diploma asegura de mí, porque si todas esas palabras que me designan como un simple niño mimado son ciertas prometo que ya he firmado mi sentencia de muerte, ¿hace cuánto?, ¿es posible que desde crío haya marcado mi inevitable final? Esta no es la vida que elegimos, pero es la que vivimos, y ya que desde que nacemos no tenemos control sobre nuestro destino yo quiero sobreponerme ante algo, al menos marcaré mi final.

Ah, divagaciones y pensamientos que se disipan, es como intentar ver el cielo en toda su dimensión, Dios existe porque el sentido de la concepción lo vemos a diario, pero no lo percibimos. Me odio a mí mismo y quiero morir, pero sólo si puedo ahorrar el dolor de mis seres queridos, si no fuera así moriría de pena después de muerto. Lo siento, he vuelto a rezar después de un año, tú siempre decías que las creencias no nos hacen débiles, pero confiar en la mentira es tan patético, y todo para salir de un pozo en el que yo mismo me encerré. Asomado al alféizar con medio cuerpo fuera atado a los barrotes con un hilo de pescar, invisible, impermeable, inhumano. Sonrisas que vacían su ira destilada en exclamaciones que grito hacia mis adentros, estas acaban pudriendo mi interior, quemando mis vísceras. Por favor, no quiero de nuevo que vuelva un Lunes depresivo, ni un Martes cansado hasta el agotamiento, tampoco un Miércoles que se trate de resolver por sí mismo con algunos gramos, ni Jueves ni fines de semana que prometan siete días próximos mejores que los anteriores, porque es mentira. Mi depresión un pestilente lubricante y con cada uno de mis textos avanzo unos pasos más hacia el interior de mi inconsciente, allá donde no encuentro más que dolor, viejas heridas que todavía no suturan.

Ojalá ignorara tantas cosas que percibo sin querer.

sábado, 25 de enero de 2014

Se hace tan extraño volver al frío y yerto ambiente de las consultas, rodeado de individuos que con un simple vistazo a su apariencia cualquier persona llegaría a la conclusión de que están locos, son como un reflejo futuro, un portal hacia lo que me espera. He perdido la fe, me la jugué toda hace un par de noches. Planeo mi suicidio una y otra vez, intentando de encontrar la manera para desaparecer sin causar estragos, sin llamar la atención, causando el menor dolor posible. Inmediatamente mi sentido común (ese maldito bastardo que siempre agua la fiesta) interviene proporcionándome cordura y haciéndome pensar en mis seres queridos, pero no es más que una trampa que el miedo tiende para que me lo piense dos veces. Temo a que esta depresión haya arraigado en mi interior y sus raíces ya hayan infectado de por vida mi espíritu, mis ganas y mi paciencia; ya no hay un motivo para seguir y dejarme la piel por un futuro mejor, tampoco esperanzas ni expectativas.

No me importa mi futuro aunque cada mañana ceda a la presión, pero no dura más de unas horas. No puedo soportar otro golpe, me estoy hundiendo por mi propio peso; y era cierto, el nihilismo no es un cruel desierto, sino un oasis de tranquilidad, pero todo se torna a oscuro cuando la infinita verdad llama a tu puerta. Estoy roto, quebrado pero no partido en mil pedazos, por cada una de mis lágrimas diez de mi madre, y joder, no lo aguanto.

miércoles, 22 de enero de 2014

Bendiciendo, rezando con motivo y pensando en acabar con todo al estilo Tarantino.

¡Ay de mi sed de conocimiento y de mi curiosidad que jamás se verán sedientas porque nací coartado por un intelecto limitado!, carajos, yo siempre quise volar. Alguien debe sacarme urgentemente del fango, y me suda la polla si es un licenciado en psicología o si es una adolescente con unas preciosas piernas, pero yo tengo las manos atadas por mi enfermedad. Tal vez confunda mi depresión y todo esté en mi mente, tal vez esté malgastando un talento poco frecuente o probablemente esté divagando sobre las formas de un concepto mínimo que estoy magnificando por encima de sus posibilidades, ¿no significaría eso aun así que soy un genio? No lo sé, pero tantas madrugadas dedicadas al llanto deben tener algún significado, alguna razón de ser, no lo sé. Cuando me preguntan "¿qué tal?" respondo "bien", pero lo que de verdad estoy diciendo es "sálvame si puedes... olvídalo, no podrías" a gritos, necesito ayuda o el suicidio, o la libertad o la liberación, ya sabes de qué te estoy hablando. No quiero más gramos, no quiero dinero porque el dinero me hace más vanidoso, ¿por qué hemos de depender del petróleo que roban soldados en nombre de la paz?, ¿por qué debo acatar las normas de un país sólo por nacer dentro de sus fronteras?, ¿es posible que un crío tenga más razón que gobernantes y empresarios?, a ellos no les importa tener la razón, sólo les incumbe tener calefacción en sus casas, aparcar su Mercedes en su inmensa plaza de garaje y tener un plato caliente en la mesa para sus hijos, ¿pero qué hay de todos esos platos que se quedan vacíos para que ellos tengan sus lujos, qué hay de todas esas costillas marcadas? 

No huyo de un problema, trato de obviar una dura realidad, y es justo eso lo que pater no logra comprender, que vivo haciendo lo imposible. Dice que si sigo así no tendré más remedio que volarme la cabeza cuando pasen unos años, que busque maneras de tener la cabeza ocupada como volver al equipo de fútbol, ¿pero eso no sería entonces mentirme a mí mismo, intentar no pensar en ese concepto que llevo tanto tratando de alumbrar no se podría considerar como una estafa a mí mismo? Hoy no necesito amigos, tan solo un sofá en el que tumbarme y una agridulce depresión que me arrope, nada más. Estoy roto y tan ridículamente lejos del suicidio, pero a un paso de renunciar a todo.

"De haberlo sabido no te habría parido", es comprensible, ¿qué siente una madre al ver que su hijo es un depresivo inadaptado? "Ahora cuando veo a una embarazada me apiado de ella y de la vida que lleva dentro", me duele tanto haberte arrebatado la ilusión... me has visto llorar demasiadas veces. Criaron diecisiete años a un niño que nació muerto, ahora no ven el momento de que sea el entierro.

viernes, 17 de enero de 2014

From my stomach.

He llegado a límites que desafían la concepción de dolor, indagando umbrales peligrosos para la cordura. No es necesario que nadie me enseñe la belleza de la vida, ya la veo en todas partes, incluso en la desgracia; es por ello por lo que me siento deslumbrado y no encuentro motivos para seguir. No existe la libertad absoluta, tan sólo sucedáneos que nos ofrecen la posibilidad de elegir entre opciones muy delimitadas, nos venden arena en el desierto. Me siento solo, alienado, inútil; pater tiene razón, mi plan de vida es optar por lo mínimo, ¿pero quién dice que quiera hacer algo provechoso con mi vida para la sociedad? La cultura y lo "políticamente correcto" me arrebataron la ilusión, y las personas la ingenuidad y la inocencia, ¿cómo voy a ser feliz si odio incondicionalmente a las personas que me dan la vida? 

A estas alturas morir suena a tópico, a vano intento por llamar la atención; pero no se equivoquen, el único consuelo que busco es el que encuentro en mi propia depresión. Salud para los que hoy beben y mañana mueren, para ellos el cielo en la tierra y la incertidumbre después de la muerte, ¿qué más se puede desear? Pensamientos que se ahorcan en las ramas de los árboles de mis recuerdos que son mis sentimientos, no hay lugar mejor para colgarse, para atarse y a la vez desatarse. La muerte siempre me atrajo más que la vida porque es algo que no conozco, porque es liberación, porque es descanso.