miércoles, 26 de julio de 2023

¿Te has percatado de que me estoy puto pillando de ti? ¿De que para mí no sale El Sol si no me haces pensar que puedes llegar a amarme? ¿De que mi apego se evaporará tan pronto como se condensó una vez que miles de kilómetros se interpongan entre nosotros? De qué vale una vida en la que no se pretende a morir, como cualquier otra cosa estamos destinados a caer desde el mismo momento en el que nos alzamos en contra del viento.

Así que estas últimas dos semanas han sido como un día especialmente largo, como una vivencia extraña y longeva, sintiendo la atmósfera sucia y autocomplaciente de una cancion pop californiana adolescente de los 2000s, incluyendo guitarras acústicas y versos de amor absurdo y todo eso. Me voy manejando ayudándome de pequeños apoyos que intoxican mi cuerpo pero mantienen mi serotonina a niveles óptimos, y no te culpo porque no estoy lo suficientemente loco para hacerlo, pero si lo estuviera al menos te exigiría que acabaras conmigo antes de que mi alma se pudra.

Por favor, me gustaría, que no te olvidases de mí tan rápido como yo he decidido guardarte en mi interior en una habitación especial que voy a cerrar con llave por algún tiempo. Y allí permanecerá tu recuerdo como un trofeo al más crédulo por ir andando por la vida con el corazón en la mano. Aunque yo siempre recordaré las cosas extraordinarias que me hiciste sentir.


lunes, 24 de julio de 2023

Cada madrugada al salir de tu casa siempre me encuentro con la misma cucaracha, el mismo camión de basura, las mismas personas sin hogar durmiendo en los mismos rincones. Sin embargo yo solo pienso en ti cuando estoy a solas y en tu compañía te deseo especialmente cuando nos observamos sosteniendo la mirada, y te acaricio y te beso lo menos posible porque sé que no me sientes del mismo modo en que yo te siento. No te quejas, no exiges, solo dices «eres tan desapegado», sin percatarte de que quisiera emplear cada uno de los latidos de mi corazón en hacerte más feliz.

Querría, haría, podría. Ser un poco más fuerte aun sabiendo que pronto te irás tan lejos y me olvidarás como un recuerdo que casi no llega a ser real, aunque yo ya he decorado mi pensamiento con tu sonrisa, tus ojos y tu ingenio. Si he perdido algo todavía no me percaté, si me has dado tantas cosas no creas que no atesoro cada momento contigo como si fuese una piedra preciosa. Es difícil comprenderte, desearía tener más tiempo para lograrlo, como un monje adoro dedicarme a descifrar el códice secreto que es tu mente.

Gracias a ti aprendo tanto y siento cosas tan profundas que despiertan en mí un puro interés por seguir viviendo que ya no recuerdo la última vez que experimenté, ojalá pudiese mostrarte mi devoción del modo que quisiera, pero tú no deseas mi amor.


Goldfrapp - Silver Eye

jueves, 13 de julio de 2023

Diosa Fortuna, deidad ciega y apática, yo que giro en tu rueda, aunque por pura indiferencia fuese, no aplastes mi frágil cuerpo y mi quebradiza conciencia bajo tus radios. No acabes con mi esperanza, no me seduzcas con tu azar. Mejor, eleva mi alma hasta lo más alto y nunca la dejes caer, infunde en mí el valor que necesito, hazme desprenderme del apego inocuo y arrebátame toda inútil posesión y ego. Pues me fabricaron con carne, mas la energía que me impulsa no es de naturaleza ordinaria, sino que proviene de eones atrás y es tan sagrada y dispar como el primer rayo solar del alba.

El presente es un momento constante y ambiguo que se abre paso a través de las neblinas del tiempo, nada nace, nada muere, todo permanece transmutando. Y sin embargo, de algún modo extrañamente pragmático, los engranajes del Universo continúan funcionando cual maquinaria industrial bien engrasada en la que cada evento establecido, así como la singularidad más insólita, guardan un sentido y un valor alejados de la comprensión humana. ¿Es acaso desolador no comprender el motivo ni el modo en el que todo funciona y sigue hacia adelante? ¿Es menester sublevarse ante el suplicio de la incertidumbre y la lógica? Todo el cielo nocturno observo y solamente desvelo encuentro, y la duda se siente como el más agridulce de los consuelos.


Talking Heads - Remain In Light

martes, 11 de julio de 2023

Aprende de tus errores y usa los de los demás en su contra, el mundo es una jungla, todos tenemos necesidades insalvables; por desgracia no todo empieza, pero todo acaba. Mientras mi alma acompañe mis sentimientos no podré arrebatarle nada, es la señal que envía la Providencia para indicar el camino correcto. La pobreza y la ignorancia alimentan su propia razón, existen pocas cosas sagradas en este mundo, la verdad descansa en la mirada de aquellos que ven sin odio.

En una terraza de bar bañada por rayos solares, en el interior de un polvoriento almacén repleto de muebles viejos que nunca nadie volverá a querer, sobre las faldas de una montaña solitaria rodeada de muchas montañas solitarias; allí descansa un pensamiento. Y las personas beben y fuman, y caminan y joden entre ellos y consigo mismos, nadie encuentra nada pero todos buscan algo para tener cualquier cosa. Poseído por mis posesiones y mis sentidos, estoy hecho de carne y hay muchas cosas más grandes que mi cuerpo y otras tantas más diminutas, aunque el alma es intangible e inmortal. Entre las brumas de ideas serpenteo, nada es verdadero y cualquier sorpresa espero, la realidad es un puñado de suposiciones, los muertos dicen más que los vivos.

Si se marcha un sentimiento enciéndele una vela para no sentirte solo, para iluminar el camino de vuelta, para que el olvido ya no duela.


Amon Tobin - Bricolage

lunes, 3 de julio de 2023

Y cuando en la desgracia te creces, en la virtud desmereces; poco o nada son la misma cosa, bastante se siente escaso, demasiado nunca es suficiente. El éxito es una idea personal como el paraíso o la venganza y rara vez resulta lo precisamente perspicaz, aun con todo, cualquier cosa contradice la suerte, entonces no existe verdad que un cerebro hecho de carne pueda abordar: sólo ideas, resúmenes, conjeturas amargas que ahogar en pestilentes vapores que emanan de cuerpos sudorosos o en humos que desprenden sustancias adulteradas.

Drogarse para hallar consuelo, drogarse para celebrar, drogarse para que algo ocurra. El amor es un prejuicio y todos los profetas mienten, si alguien conociera el motivo de la eternidad lo vendería por dosis individuales en los supermercados. Y sin embargo, todavía, me intoxico con los inciensos del templo y rezo cánticos antiguos a figuras de oro, por si de alguna manera una fe ciega y adulterada pudiera salvarme de mi próximo castigo.

Duermo mejor cuando siento que todo está perdido, nada que hacer, nada de lo que preocuparse o arrepentirse; si la evidencia tuviera forma sería transparente para que nada pudiera reflectarse sobre ella, sino atravesarla. Vivir es gratis y obligatorio, es un dulce consuelo conformarse con tan poco.


martes, 27 de junio de 2023

Mil millones de Brahmas han de nacer y morir, en este y en otros universos, para que mi alma tuviera la remota posibilidad de ascender a los planetas celestiales, y sin embargo es tan sencillo perderse en los laberintos de la materia y su ilusión que todo ese tiempo puede ser en vano. Cuánto más o cuánto menos, un paso hacia adelante y dos hacia atrás. Una espiga de trigo no es movida por el viento si no es por voluntad del Señor, aunque éste permanezca neutral a cualquier reacción de la naturaleza o del Universo.

Hay flores que crecen entre las esparragueras sorteando sus espinas, no son tan distintas al resto de nosotros, quizás sepan más. La melancolía y la alegría se fusionan formando uno en tal mezcla heterogénea de la que siempre quise huir y nada cobra entonces sentido, no el suficiente para que un hombre comprenda el motivo de su situación en el mundo.


Pharoah Sanders - Journey To The One

martes, 6 de junio de 2023

Y hay un dolor
tan extremo,
tan profundo,
que ni siquiera 
las alarmas me
despiertan de él. 
Tomo drogas, 
me hacen sentir mejor, 
no estoy en casa, 
una casa 
que no puedo pagar, 
y me siento la persona 
más libre del universo 
cuando hablo 
por medio de los demás.

miércoles, 31 de mayo de 2023

Al borde de la muerte te sientes libre de todo apego, te separas de los frutos de tus buenas y malas obras, encomiendas tu alma al destino por pensar que siempre actuaste del modo que dictó tu conciencia. Eso debería ser suficiente o más que suficiente. Y te sientas en silencio en una habitación oscura dando la bienvenida a la sin razón y al vacío, tratando de averiguar el origen de tu alma. Pero no encuentras nada. Sin preguntas no hay respuestas, sin ideas se acaba el mundo.

Y dado que confiar en una muerte segura es lo más similar a morir, tú ya has muerto muchas veces. En el tren, en el trabajo, en la cama de un amante olvidado; cuando terminas lo que fuiste a hacer te levantas y caminas de vuelta a casa, aguardando la próxima ocasión en la que llamen a tu puerta con malas noticias.

Entonces ya no sabes en qué volcar tus energías, todo se vuelve soez y anodino en esta vida y sólo piensas en la siguiente, como si de un juego de mesa casi eterno se tratase. Esperando, siempre esperando que la vez siguiente que tu espíritu se encarne sea la definitiva, aunque nunca resulte serlo. Mas no deseas el placer de la carne, sino una libertad en rebeldía poco más que imposible, ese es el mayor pecado y la mayor ambición y por ello aquí te hayas.

Y si no eres perfecto eres aburrido, tanto como cualquier otro que no entiende o no quiere entender, y así te enredas en esta existencia material confiando en ser especial, excepcional, único; pero nada te diferencia del resto, tan sólo ves cosas que los demás no. No mereces nada si no contemplas a cualquiera como parte de ti, no trasciendes en nada a no ser que comprendas lo que viniste a hacer aquí. A fin de cuentas tu misión es mucho más sencilla de lo que esta ilusión te hizo pensar.

Como una confusión, un espasmo, un impulso es todo lo que somos, hay un páramo extenso y abierto, pero sólo hay un camino posible. La muerte y la vida son lo mismo observadas desde distintas perspectivas.


Peach Pit - Sweet FA

lunes, 29 de mayo de 2023

El pozo de la existencia

Me miró directamente tratando de encontrar sus ojos con los míos, pero yo seguía fijando mi atención en la pared del edificio. No te acostumbres a vivir así, tienes que esforzarte por sentirte bien, me decía. Pero para entonces ya hube aceptado una nueva manera de sentir la realidad, un modo distinto de percibir y lidiar con el entorno, pues sentimientos tan básicos como la tristeza o la ira ya casi no significaban nada, aunque pudieran influir poderosamente en mí. Era complicado no amoldarse a ello luego de tantos años, si no imposible volver a entender la existencia desde un plano similar al anterior.

No tenía verdadera intención de acabar con mi vida, poco tiempo antes había decidido ponerla en manos de Dios, el destino, el Brahman Supremo o la Divina Providencia (quien quisiera encargarse), acatando así cualquier sufrimiento que volcara sobre mi alma. Sin embargo estaba por completo seguro de que permanecería en ese cuerpo no por mucho tiempo, aunque la muerte en sí misma resultaba lo menos preocupante, en mi interior sí que me destruía por anticipado el dolor que podría causar en aquellos a quienes amaba. Me sentía roto en mil pedazos y cada día era un combate contra la melancolía más afilada y amarga, un vacío oscuro y desprovisto de luz y color al que observaba día y noche, minuto a minuto, alimentando así una agonía que sin duda me convertía en mártir supremo de la nada absoluta.

¿Estaba perdiendo la cordura? Era difícil de averiguar, pues todo baremo con el que medir o conjeturar acerca de mi estado mental había simplemente quedado obsoleto, como quebrantado, roto, inútil, desaparecido. Nunca antes las tinieblas del pensamiento se habían disipado ante mí tan formidablemente, podía ver casi a través del tiempo y el espacio, más allá de dimensiones imposibles superpuestas unas sobre otras en finas capas adoptando cobijos y formas cuánticas. Las circunstancias me situaron en ese plano del entendimiento mucho antes de ser capaz de despegarme de la carne y de la recompensa de las actividades fruitivas. Me estaba sumiendo lentamente en una especie de lúcida locura en la que me dejaba sumergir sin oponer resistencia, sin ser del todo pragmática, dejaba conscientemente de ser yo, tal vez para fundirme con el todo o viajar en espíritu a planetas celestiales de realidades lejanas.

Había decidido no poner fin a mi vida, ya que al fin y al cabo el cuerpo material se deshace con el tiempo, pero el alma espiritual es inmortal, intangible e inevitable. Cualesquiera que fuesen mis pesares, habría de enfrentarlos tarde o temprano, así como los evité durante millones de vidas pasadas también me perseguirían en las millones posteriores.


John Frusciante - The Empyrean

jueves, 25 de mayo de 2023

El Coño Flotante

Casi todos los hombres de la aldea trabajaban en la mina, había sido levantada con objeto de dar cobijo a los trabajadores y a sus familias, poco a poco el negocio prosperó y más y más inversores querían su parte del valioso carbón que se extraía, por lo que el asentamiento creció a marchas forzadas en pocos lustros. Mi padre también fue empleado de la mina, hasta que un fatal accidente se lo llevó a la otra vida junto a un amplio número de compañeros. En semejantes condiciones, entre páramos y altas montañas, aislados del resto de la civilización, muchas madres morían de melancolía unos años más tarde de la pérdida de sus maridos. De ese modo los niños huérfanos teníamos que ocupar el puesto de nuestros progenitores o aceptar la muerte (o la miseria en su lugar), por suerte yo ya tenía nueve años cuando mi padre falleció, así que aceptaron, no de buena gana, que le sustituyera. Con frecuencia desempeñaba las peores tareas, cobraba el peor sueldo y trabajaba más horas que los adultos, pero me sentía feliz de tener la posibilidad de seguir adelante gracias a mi propio esfuerzo. Dios me había dado otra oportunidad.

Una noche helada del Invierno más frío que puedo recordar, mientras me dedicaba al mantenimiento de las maquinarias de elevación del material extraído de las entrañas de la tierra, me mandaron al pueblo, a unos dos kilómetros de distancia de la mina, para comprar algo de comida para mí y el resto de compañeros del turno nocturno. Me dirigí presto como un perro obediente a la posada y el tabernero ya tenía preparada las raciones, como era de esperar, pues en un lugar como aquel ni siquiera la muerte alteraba el sagrado orden establecido por la rutina que nos envolvía a todos sin excepción. De regreso, subiendo la enorme y empinada cuesta que servía como nexo y frontera entre el pueblo y la mina, pude vislumbrar por unos instantes un fogoso destello ocultarse entre las nubes mientras descendía a gran velocidad. Cuando llegué a la mina, corriendo como un loco, traté de explicarle a los hombres lo que había visto, sencillamente la mayoría no prestó atención y aquellos que sí lo hicieron no creyeron las palabras de un crío. Sin pensarlo demasiado, aunque sabía que me arriesgaba a recibir una paliza, me escabullí de mi puesto de mantenimiento y salí a cielo abierto tratando de encontrar esa luz. Para mi sorpresa se encontraba a unos cientos de metros justo sobre mí, distinguí que se trataba de una figura humana que flotaba en el aire como si se sumergiera en agua. Me percaté, en un cálculo mental veloz y casi instintivo, de que la trayectoria de su vuelo llevaría aquel cuerpo justo hacia el interior de uno de los agujeros de la mina que conducía directamente a galerías abandonadas años atrás, que daba la casualidad de ser uno de los más profundos y peligrosos, pues muchos mineros habían muerto en su interior a causa de derrumbamientos y alguna veta abierta de gas tóxico.

Lancé mi casco y mi cinturón de herramientas al polvoriento suelo repleto de hollín y corrí tan rápido como pude al encuentro con lo que pensé que podía ser un ángel. Pobrecito, pensé, le han echado del Cielo y por si fuese poco va a aterrizar en uno de los lugares más solitarios y muertos del planeta. Llegué a tiempo con sólo unos metros de ventaja con respecto al cuerpo flotante antes de que éste se introdujera en el agujero, me encaramé a una vieja y oxidada verja colocada alrededor del propio foso para impedir que los borrachos cayesen dentro, estiré mi cuerpo tanto como pude hasta que crujieron mis vértebras y agarré el extraño atuendo del humanoide flotante. Entonces di un tirón y lo atraje hacia mí, no pesaba casi nada, y de nuevo me pareció que aquel cuerpo se movía por el aire como si este fuese un denso fluido que le permitía ser arrastrado por la rivera de un río. Cuando ambos nos encontramos sobre el suelo sólido fuera de peligro sostuve el cuerpo en brazos, toda la piel resplandecía como el oro alumbrado por la luz del Sol, pero era particularmente un collar que colgaba de su cuello lo que emitía un destello casi cegador y una energía que sin duda le permitía flotar de aquella manera, como si no tuviera obligación de lidiar con la gravedad. Unos segundos después toda luz o reflejo se esfumó de su cuerpo y pude ver que se trataba de una chica más joven que yo envuelta en un vestido azul de una sola pieza, con un largo y denso pelo negro y un colgante cuyo talismán tenía forma de lágrima y lucía un extraño y exquisito símbolo tallado en él que jamás había visto antes. A continuación perdió toda capacidad de levitación y sentí todo el peso de su cuerpo caer sobre mis brazos, lo que casi me hizo retorcerme directo al suelo mientras aún la sostenía a ella. Su rostro era hermoso, y aunque se encontraba inconsciente, su expresión era de extrema melancolía. Comprendí que ser expulsado del paraíso nunca es fácil. Dejé su cuerpo al resguardo del frío en el interior de una de las casetas exteriores en las que guardábamos algunas herramientas, lo tapé con cariño y delicadeza con una manta y fui a por mi cena para dejarla a su lado por si despertaba. ¿Se alimentarían los ángeles de materia ordinaria?

Al regresar a mi puesto, gracias al cielo, nadie había reparado en mi ausencia, por lo que terminé mi turno con tranquilidad. Cuando ya casi amanecía me dirigí al depósito de herramientas y allí estaba ella, todavía dormida y más pálida si cabía. Como no había médico ni nada parecido en el pequeño pueblo y las familias que quedaban no querían (ni podían) hacerse cargo de las fatalidades que a los huérfanos nos hostigaran, me dirigí con ella a mi destartalada casa en la que vivía solo desde la muerte de mi madre, unos años más tarde que la de mi padre. La tumbé sobre la antigua cama del dormitorio principal, de nuevo dejando la ración de comida a su lado y yo mismo me fui a dormir tan agotado como una mula. Cuando fue pleno día desperté y me asomé a la habitación donde el ángel descansaba, seguía sin dar señales de conciencia, así que comprobé su temperatura corporal y el pulso, todo parecía estar en orden. Estaba acostumbrado a socorrer a compañeros en las minas que perdían el conocimiento por toda clase de accidentes, en la medida de lo posible me enseñaron a identificar lesiones internas, derrames o roturas de huesos, pero examinando el yerto cuerpo no pude hallar ningún tipo de complicación. Simplemente era una chica dormida en un profundo sueño, incluso su respiración parecía normal, aunque esa mueca de tristeza desesperada seguía marcada en su cara. Me partía el alma, me hacía sentir terriblemente triste y bendecido, como aquel al que se le encomienda una misión sagrada que por otro lado sólo puede traer penurias.

Salí al exterior de la casa, trepé por los barrotes de una ventana y subí al tejado para tocar la trompeta. En ocasiones algunas aves estacionarias parecían disfrutar de la música y volaban sobre mí dibujando amplios círculos en el aire. El ángel se despertó y me llamó por mi nombre, la invité a escalar hasta mi posición y comenzamos a hablar en una lengua muerta que comprendía pero no recordaba. Me contó acerca de sus orígenes y el pasado de su pueblo, una sociedad y cultura perfectas en las que el hombre había adoptado una vida tranquila y pacífica basada en la iluminación espiritual. Por alguna razón, que ella no podía definir con total seguridad, un evento catastrófico la obligó a huir del lugar y dejar a su propia familia, decía con lágrimas en los ojos. Entonces agarré sus manos con las mías y las puse muy cerca de mi pecho, le prometí que desde aquel momento no pasaría un solo día en el que no le prestaría mi ayuda para que lograse su retorno a casa. Fueron las palabras más sinceras que pronuncié en toda mi vida.