Hace tiempo que vengo observando el color de las costuras del tiempo, y si tú también lo observas entonces hay algo indeleble e inapreciable que nos une. La gente piensa en la muerte, a continuación hacen un esfuerzo por olvidarlo y siguen como si nada, como si la idea del suicidio no se escondiese detrás de cada pensamiento, como si fuese sencillo observar un vacío y resistirse a saltar para formar parte de él. Si existiese un sentido, ¿por qué ocultarlo? Si el objetivo es amar la vida, ¿por qué ponerlo tan difícil? Ya que solo el pecado arrastra a la redención, podríamos cometer el mayor de ellos, su justificación sería absoluta.
Los suicidas no tienen dios porque no les hace falta rezar, tampoco tienen santos porque ellos son sus propios mártires, no tienen salvación porque no la desean. Es la dictadura de la genética la que impone su voluntad de poder sobre los humanos para que los humanos traten de imponer su voluntad de poder entre sí, las cordilleras de hoy son las islas de mañana y por eso cada día es una partida de damas contra lo absurdo. Del torrente infinito de vicios y seducciones surgí de nuevo entre la bruma: callado, tranquilo, animado, saturado de conocimiento, sabio, experimentado en la ciencia de vivir soñando y sufrir del modo apropiado. Oscuras flores en trance de marchitez somos, pensaba, y cuánto por aprender en el arduo estadio del olvido.
Como cualquiera de los infinitos Brahmās de los infinitos universos que hay, muero y vuelvo a nacer a través de las eras. Y la frontera que limita a los demás es la línea que define mi forma en este plano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario