Habrá respuestas algún día después de alguna noche en la que extrañar deje de ser una opción, cuando el deseo se adhiera con tal ímpetu al espíritu que conciencia y ego se confundan, cuando la esperanza se disipe como sales en mares de lógica no euclidiana. Desde el borde del horizonte ya llaman al dharma las montañas azuladas que separan el cielo de la tierra, ya se oye rezumar un destino implacable que dibuje contornos horribles sembrados de miedos ancestrales. Y la flagelación moral no será la solución, será la culpa que arroje el primer puñado de tierra. La interfaz del mundo forma parte de los cuerpos y sus fronteras son monumentos trazados para propósitos pretéritos. ¿Qué vamos a hacer con las ruinas del imperio? ¿Justificaremos tiranías o enardeceremos dinastías de reyes filósofos? Más allá del bien y del mal, la suerte enarbola las ideas y el deseo lo consume todo. Absolutamente todo.
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